São Paulo (EFE).- El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ganó este domingo la segunda vuelta de las elecciones con un 51,79 % de los votos, frente al 48,21 % del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, en una remontada inédita en la historia democrática del país, según los resultados oficiales con el 100 % de las urnas escrutadas.
Es la primera vez desde el fin de la dictadura militar (1964-1985) que un candidato que quedó en segundo lugar en la primera ronda electoral se impone en la segunda vuelta a su adversario.
En la primera vuelta, Flávio fue el más votado con el 47 % de los apoyos, dos puntos más que el dirigente progresista, lo que se tradujo en una diferencia de 2,2 millones de votos.
Este domingo, en la segunda, Lula ha revertido ese resultado y le ha sacado más de cuatro millones de votos a su adversario, que no ha reconocido su derrota y ha pedido la anulación de los comicios después de que un juez de la Corte Suprema extendiera el horario de votación dos horas, a petición de la campaña de Lula, por una serie de «incidentes» en el transporte de votantes en varias ciudades.
Un resultado histórico
El líder progresista sumó hoy 64,2 millones de papeletas, mejorando también con creces sus resultados de 2022.
Lula asumirá su cuarto mandato -segundo consecutivo- el próximo 5 de enero en Brasilia con 81 años de edad.
Nunca antes en la historia de Brasil un presidente fue elegido en cuatro ocasiones diferentes.
La victoria de Lula también pone freno al giro a la derecha que experimenta América Latina en los últimos años alentado por el presidente estadounidense, Donald Trump.
El dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) partía con desventaja después de la primera vuelta.
Desde entonces, todas las encuestas proyectaron un desenlace muy ajustado, con ambos aspirantes en empate técnico, aunque siempre con Flávio numéricamente por delante.
De hecho, los dos últimos sondeos, publicados en la víspera, mostraban al senador con un 51 % de los apoyos y a Lula, con el 49 %.
La calle y las redes llevan en volandas a Lula
Después de una primera parte de la campaña “desorganizada”, como definió el propio Lula, el gobernante dio un giro radical a su estrategia. Llamó a ocupar las calles y las redes sociales, y a reducir la abstención, que bajó casi dos puntos en esta segunda ronda con respecto a la primera y fue la menor desde 2006.
La militancia respondió con marchas multitudinarias en varias de las principales ciudades del país en una efervescencia del progresismo no vista en décadas.
El aspirante del PT también multiplicó sus anuncios desde la Presidencia: logró la aprobación en el Congreso de la jornada laboral, perdonó las deudas a millones de trabajadores autónomos y lanzó medidas de incentivo para el sector de los videojuegos, entre otras medidas.
Duros ataques a Flávio
También emprendió una dura campaña de desgaste contra su adversario con una estrategia basada en el miedo y en el recuerdo de los recortes durante la gestión de Jair Bolsonaro (2019-2022).
En este sentido, vinculó a Flávio con la “motosierra” del presidente argentino, Javier Milei, advirtió que su victoria era una “riesgo para la democracia”, tras la intentona golpista que lideró su padre tras perder los comicios de 2022, y recordó las sospechas de corrupción y sus vínculos con parientes de grupos paramilitares de Río de Janeiro.
También alertó de que se subordinaría a Trump, en asuntos como seguridad y minería, en medio de los intentos de injerencia de la Casa Blanca para supuestamente favorecer al hijo de Bolsonaro, aliado del republicano.
“Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie”, exclamó Lula tras su inesperada victoria.
Frente a esto, Flávio, ungido candidato por su padre, quien se encuentra condenado y en prisión domiciliaria por golpismo, perdió la capacidad de marcar el debate público y fue a remolque en las tres últimas semanas de campaña.
